Sin categoríaTREMENDO DÍA EN LA CARRETERA DE LA MUERTE BOLIVIA

Por: Ana Amable

Si vas a Bolivia tienes que hacer sí o sí la carretera de la muerte, si te gusta la aventura extrema y el ciclismo, aunque suene espantoso pero tan peligroso no es, solo tienes que tomar precauciones y no acercarte tanto a los bordes, este lugar atrae un sinfín de turistas de todas partes del mundo cada año; Puedes hacerlo en motocicleta, en cuatrimoto, yo lo hice en bicicleta.  En las siguientes líneas, te contare un full day en bicicleta de principio a fin y además el costo para que puedas aventurarte hacia la carretera de la muerte en la ciudad de la Paz en Bolivia.

Por qué se llama la carretera de la muerte?

Antes, la ruta era conocido como “El Camino de Los Yungas, sin embargo denominación actual es a razón que desde los años 30, fue construida con mano de obra esclava de prisioneros paraguayos durante la Guerra del Chaco, en el año 1993 el Banco Interamericano de Desarrollo, lo bautizo como el camino más peligroso del mundo, más tarde 8 viajeros israelís murieron en su jeep desbarrancados, esto ocurrió en el año 1999, con ello se empezó a denominar internacional mente como la carretera de la Muerte.

Tanto riesgo y aventura, se ha convertido en potencial turístico para los amantes de lo extremo, es mi caso, hay muchas agencias turísticas que organizan descensos en bicicleta en la av. Sagarnaga en el centro de la Paz; El mantenimiento de parte de la carretera lo llevan 2 comunidades asentadas allí, por lo que debes pagar peaje 50 Bolivianos (23 soles) no incluidos en el tours full day, que cuesta 290 bolivianos (136 soles) que incluye 1 bicicleta con suspensión delantera, guantes, casco, pantalón y casaca impermeable, transporte, asistencia técnica, guiado, snack, almuerzo buffet y sí aumentas 60 bolivianos (28 soles) más, puedes conseguir una bicicleta de doble suspensión, un poco mas PRO.

Y bien me recogieron a las 8:00 am del hospedaje, sumamos un grupo de 14 turistas en su mayoría alemanes, todos dentro en 02 minivan, que nos transportaría hasta el pico de la Ciudad de la Paz a 4,700 msnm desde donde empezaríamos a realizar el descenso, luego de aproximadamente 30 minutos ya estaba allí, antes de iniciar firmamos el deslinde de responsabilidad, documento de rutina en casos de práctica de actividades de alto riesgo. Literalmente estaba temblando de frío y sentía que el aire escaseaba, pero ya estaba lista y entusiasmada, rodeada de montañas, vehículos grandes que pasaban y a otros ciclistas uno de tras del otro, en fila india, en breve iniciábamos nosotros, los 14.

Era momento de probar las bicis, frenos, altura del sillín, cambios, llantas bien infladas. El viento soplaba fuerte de manera constante, como olvidar la sensación de frío intenso en mis manitas, serian 65 kilómetros en bici de 80 del total, nos decía Javier el guía bilingüe quien explicaba las reglas, recomendaciones y dudas antes de pedalear.

Primer Tramo: El grupo de 14 parece, desde el principio, separarse en dos, los valientes, locos o suicidas?  Pedaleando fuerte adelante, por allí andaba yo, como si me fueran a dar un premio al llegar, siempre detrás del guía y otro grupo más relajado que iban a su ritmo. Luego de la primera prueba, bastante rápida y simple, era tiempo del snack: sándwich, fruta, barras energéticas, coca cola y agua.

Segundo  Tramo: Era carretera de tierra y de tipo zig – zag, lo mas chevere era poner a prueba mi habilidad para atravesar esta vez las partes estrechas, con curvas lleno de piedras y charcos a centímetros del abismo.

“Deben mantener su izquierda de aquí en adelante para que los autos puedan pasar y maniobrar sin problema” fueron las palabras de Javier, era la primera vez que había escuchado algo así, volví a preguntar, por la izquierda? Si, asistió con la cabeza, efectivamente los vehículos que descienden en este caso las bicis (en dirección a las yungas) deben detenerse y cederle el paso a los autos cuando el otro sube (en dirección a la Paz).

Surgen las primeras neblinas en complicidad con la llovizna, sentí nervios, no miraba más allá de aproximadamente 20 metros, estaba allí, con la bici en 03 metros de ancho, cerca del abismo, ya lo había leído, antes de emprender el viaje a Bolivia, era recontra cierto.  Debo decir es por lo angosta, peligrosa y tiene a sus lados montañas y abismos, esos detallitos hacen que los vehículos que circulen por ella, se caractericen por hacer arriesgadas maniobras.

El frío aún se mantenía, mi nariz y los dedos de mis manos me lo recordaban,  en ese momento solo me importaba tener buenos frenos, tener la vista en frente, atravesar los tramos pedregosos y con charcos,  para mi fue esta experiencia fue un regalo de la naturaleza, esa parte me resulto muy emocionante, impecable y ahora lo recuerdo y se lo cuento a mis amigos.

Continuamos pedaleando nos cruzamos con buses de otras agencias turísticas, y sí señor a cruzar por el lado izquierdo!!  ya sin darnos cuenta estábamos cerca de la región de Coroico, seguían las cascadas con ello emergen más charcos por doquier donde metemos los pies enteros ¡Me recuerda las rutas en Tambopata – Perú! Sucios, mojados y ahora con mucho calor; el relieve casi plano, puedo ver comunidades, niños, alguna que otra motocicleta, sembríos de plátanos, cítricos, eran los 2000 msnm.

Ahora, tocaba almorzar en Monte Carlo, es un pequeño establecimiento ordenado y limpio entre la región de Coroico y Loyosa con duchas calientes, bebidas frías y buffet; Todos sonreían, se sentía el orgullo de cada uno, exitosos pues logramos hacer la ruta de la Muerte, es una experiencia que vale muchísimo la pena hacer.

Me siento satisfecha!

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2 comments

  • Miguel Eduardo

    18 de agosto de 2020 at 01:17

    Que historia 🙂 algún día ire a Bolivia y si o si tengo que hacer la carretera de la muerte. me pondré un reto. he escuchado mucho sobre este lugar.
    muchas gracias por escribir tu travesía.

    Reply

    • Ana Amable

      18 de agosto de 2020 at 02:15

      La carretera de la muerte es fijo para todos los aventureros amantes del ciclismo, estoy segura que pronto lo harás estimado Miguel 🙂

      Reply

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